El color rojo, tan necesario como bonito

Me encantan las fresas en todas sus formas, la sandía a cualquier hora del día.

Mmmm… el rico gazpacho fresquito los días bien calurosos. O comer tomate con sabor a tomate, y no a agua, sabréis de lo que hablo.

Adoro salir a pasear y tropezar con un precioso campo de amapolas o los geranios que cuelgan en muchos balcones, en las calles de Córdoba, las casas de madera en los pueblos rurales de Austria, en las corralas de Lavapiés….

Me encanta el rojo para vestir, realza mi piel morena, me llena de vitalidad y carácter, forma parte de mi identidad.

Claro está, que en un pasado, no me gustaba el rojo para vestir, me parecía demasiado atrevido y chillón, al igual que hablar de mi menstruación y el simple hecho de pensar en tocarla.

En un pasado tampoco me gustaba el gazpacho, tenía un olor y un sabor muy fuerte, al igual que el olor que desprendía una compresa de plástico o un tampón tras ser manchada de sangre.

Claro está, que vivir la menstruación de forma consciente, sentirla parte de nosotras y no como un deshecho; esperar su llegada y no rechazarla; analizar los cambios que en nosotras provoca a nivel físico, psíquico y emocional e integrar una mirada cíclica en nosotras, es el resultado de un largo proceso. 

Al igual que nuestro paladar no está acostumbrado a un café amargo o un chocolate 70% puro en nuestras primeras veces (y por ello sentimos rechazo) tampoco estamos acostumbradas a tocar nuestra menstruación, a mancharnos, a experimentar con ella, a querernos con y sin ella, a recogerla y reutilizarla.

Principalmente porque hemos nacido y crecido en un sistema capitalista y patriarcal que nos contempla como un objeto (ni siquiera sujeto) con el cual hacer negocio, objeto de mercado, de control, de sumisión y debilidad, hasta tal punto de hacernos rechazar nuestra cuerpa, nuestra ciclicidad invisibilizada (pero existente) y nuestra conexión con el ciclo menstrual, el cual revela muchísima información sobre nuestra salud y nuestra persona en muchos niveles.

Y no se es menos mujer, menos persona, menos feminista por sentir ese rechazo (hecho que preocupa a muchas personas menstruantes) hacia la menstruación o el ciclo, el olor, la textura, las manchas, etc.

Somos hijas, nietas, madres, sobrinas del patriarcado, que se ha colado en nuestro ser y en nuestras vidas incluso antes de que pronunciáramos nuestras primeras palabras o diéramos nuestros primeros pasos.

Porque la educación que hemos recibido se ha construido y sigue haciéndolo en función de un sistema de valores y relaciones de poder basadas en estereotipos, mitos y la falsas creencias.

Esto genera una ocultación sistemática del ciclo menstrual a través de mensajes directos e indirectos sobre productos que quitan el olor de la menstruación (como si fuera algo que oliera mal); mensajes como: cuidado, no te manches; no se mantienen relaciones sexuales durante la menstruación; no hables de la menstruación en público y si lo haces que sea con sinónimos, es algo privado como la sexualidad..

Y un sinfín de mensajes que lo que provocan es rechazo, asco y sentir vergüenza a la hora de menstruar y ser una cuerpa sexual.

Éste es un fenómeno que ocurre a lo largo de 40 años de nuestras vidas (aproximadamente) y se repite de generación en generación. Una auténtica aberración provocada y consentida por el sistema y normalizada por la sociedad.

Sólo por estos cuatro datos genéricos (que podríamos hacer una larga lista de motivos), es por lo que no es justo que nos fustiguemos, nos pongamos en duda, o nos valoremos menos que otras personas que hayan iniciado este camino con anterioridad, porque a cada una le nace el deseo o le vibra el hecho de iniciarse en el movimiento de cultura menstrual en un momento vital diferente.

Por lo que….. se tarde el tiempo que se tarde, venga cuando venga, lo queramos transitar o no, no deberemos cuestionarnos (a nosotras y a las demás) si eso nos hace más o menos feministas, más o menos mujer, o más o menos persona. Todo lo contrario.

Somos víctimas de un sistema que nos ha castrado y es hora de dejar de regocijarse en el victimismo para adueñarnos de nuestras vidas e iniciar la revolución desde el amor, y no desde la guerra. Insisto, la sororidad y el acompañamiento respetuoso será la clave del feminismo o no será.

Algo certero es que con el paso del tiempo, y en los tiempos frenéticos y saturados de información que corren, hemos recibido y seguiremos reteniendo, cuál esponjitas, muchísima información que con el tiempo madura y nos permite iniciarnos en un camino de empoderamiento precioso, que nos empuja a probar nuevos alimentos, nuevas texturas, nuevos colores, nuevos métodos de recogida de la menstruación, o nuevos sentires hacia ésta.

No hay prisa.

Partiendo de esa base, es absolutamente (y desgraciadamente) normal sentir rechazo hacia muchos de los aspectos que transitamos a diario, en este caso hacia la menstruación, aunque también una lástima cuando esa es nuestra única emoción hacia nuestro sangrado y nuestro ciclo.

A través de las comparaciones que introducen el presente artículo, lo único que se pretende es hacer un llamado a la CALMA y la ESCUCHA (algo contrario a lo que promueve el sistema y su presión sobre el tiempo en nuestra rutina)

De pronto no tenemos que amigarnos con nuestra menstruación, ya que como todo, forma parte de un proceso.

Pues no será la primera vez que probamos cosas nuevas, no será la primera vez que nos gustará algo que antes rechazábamos, por tanto no será algo que nos suponga un reto imposible. Éste proceso sólo requiere de calma, de accionar con cariño, de escuchar y compartir, y permitirnos sin juzgarnos.

A todas las compañeras que desean vivirse cíclicas, livianas, en armonía, que desean reconciliarse con su ciclo pero siguen sintiendo pudor, ascos, contradicciones… CALMA, todo llega.

Hay que inundarse de paciencia e ir probando todas aquellas cositas que a nuestras hermanas y compañeras les ha facilitado vivirse de ésta forma en relación con su ciclo. Probar y probar, no dejar de curiosear, indagar e investigar. Sobre todo, dejar de juzgarnos y avergonzarnos por no sentir esta conexión, porque todas somos diversas, y no es OBLIGATORIO sentirnos como las demás.

Está bien, la diversidad es la clave de nuestra riqueza y capital social, pero aún más importante que alcanzar tal objetivo, es sentirnos bien con nosotras mismas y sobretodo sentir ese acompañamiento que hará de este transitar un proceso mucho más armonioso.

Sara Antler.

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