Mi menarquia: un comienzo casi invisible

SaraV. Molina

Sólo recuerdo un pensamiento claro del día en el que me vi las bragas manchadas de sangre por primera vezUff, menos mal que justo hoy está mi madre en casa.

Normalmente mi madre se tenía que ir a trabajar muy temprano así que yo me iba al cole en autobús, pero ese día ella tenía una cita médica así que estaba todavía en casa.

Recuerdo verme manchada y asustarme bastante al principio pero luego y en cuestión de segundos me fue llegando la poca y difusa información que tenía sobre la regla y fue cuando caí en que eso era lo que podía estar pasándome.

Respiré y sin mucho drama (yo no era una niña muy de dramas en general), llamé a mi madre desde el baño y le dije algo así como que creía que me había venido la regla, pero que no estaba segura. No recuerdo el día exacto pero tendría unos 11 años casi recién cumplidos y nunca había hablado con mi madre ni con nadie de la menstruación. Imagino que algún anuncio de compresas y tampones de la tele y lo que viera por casa fueron las pequeñas señales a las que no prestas mucha atención porque crees que no van contigo pero que se van colando en tu imaginario inconsciente y es en el momento en el te ves las bragas manchadas cuando todas esas señales tejen de repente una telaraña fina y confusa.

Recuerdo que mi madre se alegró y dijo con cara de alivio que qué suerte que la hubiera pillado a ella en casa y tras confirmarme que en efecto esa mancha era la regla y que no pasaba nada malo, me explicó cómo ponerme una compresa (la recuerdo ENORME) y simplemente me dijo dónde las guardaba en casa.

También recuerdo que me guardó otra en la mochila y me dijo que era MUY IMPORTANTE que me revisara y me cambiara a menudo para no mancharmeque llevara mucho cuidado con eso. No hablamos nada más, ni ese día ni los sucesivos. 

A pesar de la brevedad con la que se trató el momento (más tarde entendería por qué), fue una suerte haberlo vivido con mi madre, pero eso me lleva a pensar en que podría no haber sido así. 

Podría haberme visto sola en un momento tan importante como ese y estoy segura de que para mi yo de 11 años eso hubiera sido bastante traumático.

No me preocupa tanto el estar sola, porque ya con esa edad era bastante independiente y resuelta, sino el estar sola y sin saber nadasin ningún referente ni información en la que apoyarme y entender lo que me estaba pasando. 

No culpo a mi madre por no haberme hablado antes de la menstruación y preparado para ella porque era algo que ahora entiendo que simplemente no se hacía, incluso si tenías una buena relación madre-hija.

Sin embargo, y sólo hace un par de años, cuando empecé todo este proceso de autoconocimiento y cuidado menstrual, le pregunté a ella lo que recordaba de ese día de mi menarquia, y su respuesta me pareció muy curiosa, porque estaba convencida de que sí me había hablado de la regla, que cómo no iba ella a haberme hablado de algo tan importante, y realmente se sorprendió mucho cuando le dije que no.

Esto me hace pensar que tenemos tan asimilados algunos hábitos sociales que los perpetuamos hasta cuando nos gustaría hacer lo contrario, cuando no estamos de acuerdo con ellos.

Desgraciadamente son conductas sociales muy arraigadas y que además, en el caso de la menstruación, es muy posible que las tengamos vinculadas a experiencias y recuerdos sellados con la culpa, el silencio y la vergüenza.

Haber tenido la oportunidad de hablar con ella de su primera menstruación fue muy sanador para las dos. Escucharla hablar de la vergüenza y el ridículo que había sentido su niña de 12 años cuando le llegó en pleno día de comida-reunión familiar y  su madre, tras ir al baño con ella y enterarse, sin preguntarle ni tener en cuenta lo que ella quería o necesitaba, no le faltó tiempo para compartirlo con todo el mundo junto al famoso (y absurdo) titular de ¡Ya tenemos otra mujer en la casa!

Me llama la atención esa proclamación de ese suceso y que se viva con una alegría momentánea por el concepto a repensar del paso de niña a mujer y que luego vaya seguido de un silencio y una invisibilización tan enorme del hecho de menstruar todos los meses.

Conocer la experiencia de la menarquia de mi madre me hizo entender muchas cosas de por qué ella se comportó así ese día al mismo tiempo que ella al compartirlo conmigo sintió una coherencia en su comportamiento, queriendo normalizar tanto ese momento que casi pasó desapercibido en nuestras vidas. Lo bonito es que juntas comprendimos y sanamos ese momento pasado.

Qué maravilla sería que ninguna niña tuviera que vivir ningún trauma ni mala experiencia el día que le viniera la regla por primera vez, y mucho menos que eso dependa del azar, del estar sola o del estar demasiado acompañada pero aún así sentirte sola.

Es necesario empezar a hablarles del ciclo menstrual desde mucho antes, no sólo a modo informativo (que ya es un paso) sino desde un enfoque positivo y poderoso, para que cuando esa niña que podría haber sido yo o cualquiera de nosotras, le toque descubrir su menarquia estando sola en casa, pueda respirar tranquila sabiendo lo que significa y permitirse sentir la excitación de la nueva aventura cíclica que está empezando a brotar en ella.

Julia Alburquerque.

Anterior

Siguiente

M

Hello. How are you?

SAMPLE POPUP

Built with Divi Builder.

Email Address

your@gmail.com

OUR OFFICE

101 Mark Boulevard St,
10040, New York,
United States.