Punto de retorno

Querida,

Aquí me tienes: plena, radiante y dispuesta a quedarme. Qué fácil es entregarnos cuando nos permitimos hacerlo ¿verdad?

Te he visto sufrir intensamente durante días, semanas y, déjame decirte que también durante meses y años. Quizá era necesario para llegar aquí. No te juzgo, esta vez no. Y tú a mí tampoco ¿de acuerdo?

Aunque no te lo parezca, siempre estuve contigo. Siempre. Por eso, a veces, rabiabas de dolor.

Ahí estaba yo reclamando tu atención y rogando que me devolvieras la mirada. Cuando lo conseguía, no encontraba comprensión sino extrañeza, incredulidad y silencio. Pero desde que nos estamos conociendo y convirtiéndonos en aliadas nos va mucho mejor ¿no crees?

Ahora empezamos a ser Una y tenemos el poder de enfrentarnos a las situaciones cogidas de la mano y soltando lo que no nos pertenece para mantenernos a salvo.

Te agradezco mucho cuando dices “no” a aquello que no nos viene bien, los límites son sagrados y empezamos a hacer de ellos un escudo invisible. También me llena de placer que nos quedemos en casa cuando ahí fuera llueve y ninguna de las dos quiere calzarse las botas.

Soy feliz cuando bailamos, me acaricias, nos bañamos en el río o en el mar y vamos juntas a gozar de la vida. Me reencuentro mirando a los ojos de aquellas personas a las que amamos y nos damos cuenta de que están ahí por una razón divina. Sonrío cuando disfrutamos del placer culinario sabiendo diferenciar entre los momentos que una necesita lo dulce o lo salado. Me aparezco en diferentes versiones cuando bailo al son del ciclo menstrual dándonos cuenta de que somos una y somos muchas.

Era tan sencillo como respirar a la vez

¿Ves?

Así.

Si somos un equipo es mucho más fácil. Juntas, es mejor.

Recuerdo aquellas veces que nos herimos a propósito o cuando no eras consciente, y también lo hacías. Entonces empecé a llamarte por tu nombre con la boca del estómago. No era indigestión, te lo aseguro.

Es probable que volvamos a caer, que nos perdamos y que nos volvamos a traicionar. Entonces, tendremos que renovar nuestro pacto porque ya conocemos el punto de retorno para volver a Casa, la Unidad. Recuerda que el Amor nos salvará. Sí, ese. Con mayúscula, el amor propio. Porque partiendo de ahí iremos a nuestro encuentro.

Cuando sientas que desfalleces, cuando creas que no puedes más, cuando estés harta de ti y de los demás, vuelve. Cuenta 3, 2, 1 y regresa a mí.

Respira.

Eso es.

Y deja ir la angustia de saberte ajena, porque yo no lo soy. No lo somos.

Porfavor, no te – me olvides.

Imagen: África Pitarch

Siguiente

M

Hello. How are you?

SAMPLE POPUP

Built with Divi Builder.

Email Address

your@gmail.com

OUR OFFICE

101 Mark Boulevard St,
10040, New York,
United States.